La mayoría de nosotros pensamos que tomamos decisiones debido a quienes somos, pero el gran secreto es que podemos cambiar quienes somos.

Pero pocos de nosotros entendemos que lo contrario también es posible: Somos quienes somos, en parte, debido a las decisiones que tomamos.

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Veamos un ejemplo:

Las personas actúan como lo hacen, debido a sus rasgos de personalidad y a sus convicciones, ¿verdad?. Entonces, una persona devuelve una billetera perdida porque es honesta, recicla su basura porque se preocupa por el medio ambiente y paga 5€ por un café con leche con caramelo, porque le gustan las bebidas de café caras.

Estas acciones pueden parecer sensatas, pero puede que no sean necesariamente la verdad. Somos criaturas sociales, y muchas veces el contexto (en lugar de la personalidad) puede desempeñar un papel importante en nuestras decisiones.


A menudo, nuestro comportamiento está formado por presiones sutiles de nuestro entorno, pero no somos conscientes de esas presiones. Por lo tanto, creemos erróneamente que nuestro comportamiento emanó de nosotros mismos/as. Innumerables estudios han demostrado que las personas son altamente susceptibles a la influencia social, pero rara vez reconocen el grado total de esa susceptibilidad, por lo que atribuyen erróneamente su cumplimiento, a sus verdaderos deseos.

Ahora, quienes somos en realidad?.

No solo nuestro entorno afecta nuestras acciones. Nuestras acciones, a su vez, también afectan a cómo nos vemos a nosotros mismos/as. Por lo que si queremos cambiar quienes somos, deberíamos primero comenzar a conocernos un poco.

Quizás la persona del ejemplo, devolvió la billetera para impresionar a las personas que lo rodean. Pero, al no darse cuenta de eso, inferirá que es absolutamente honesta. Tal vez recicla porque el ayuntamiento lo ha facilitado (al poner contenedores cerca y recoger 3 veces por semana) y su familia, vecinos y/o amigos lo desaprobarían si no lo hiciera. … Es evidente que el comportamiento emana de nuestras disposiciones internas, pero … lo contrario también es válido. Si devolvemos una billetera perdida, hay un tick hacia arriba en nuestro medidor de honestidad. Después de arrojar la basura en el contenedor adecuado, deducimos que realmente nos preocupamos por el medio ambiente. Y después de comprar el café con leche mas caro, asumimos que somos conocedores del café.

Esto es algo muy interesante.

Una gran parte de nuestro bienestar esta relacionado en cómo nos percibimos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Si mis acciones cambian la forma en que me veo a mí mismo, entonces, cómo actúo puede tener efectos tremendos en mi calidad de vida.

Las acciones pueden, literalmente, cambiar quienes somos.

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El autoconocimiento

cambiar quienes somos


La idea básica detrás del autoconocimiento es que a pesar de lo que tendemos a pensar, no tenemos una idea muy clara de quiénes somos. Y si no sabemos quienes somos, como podemos cambiar quienes somos, verdad? En general, creemos que tenemos una visión privilegiada de nuestras preferencias y nuestro carácter, pero en realidad no nos conocemos tan bien (y definitivamente, no tan bien como creemos que lo hacemos). En cambio, nos observamos a nosotros mismos de la misma manera que observamos y juzgamos las acciones de otras personas, deduciendo quiénes somos y qué nos gusta de nuestras acciones.

Aunque la introspección es una herramienta poderosa, parece que la mayoría de nosotros no somos tan buenos en eso.

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En el libro «The Honest Truth About Dishonesty: How We Lie to Everyone–Especially Ourselves» ( La verdad honesta sobre la deshonestidad: cómo mentimos a todos, especialmente a nosotros mismos) Dan Ariely usa diversos experimentos para demostrar que tenemos la costumbre de pensar que hay personas muy honestas y personas muy poco honestas.

Para Ariely no es así. Hay un número muy pequeño de personas totalmente deshonestas, y un número bastante más grande de personas levemente deshonestas. Sobre un total de 30000 personas que participaron en diversos experimentos, Ariely estima en solo 12 el número de “grandes mentirosos”, y en 18000 el total de personas “levemente deshonestas”. Eso significa que, de cada dos personas, una al menos es levemente deshonesta.

En el interior de cada persona hay un conflicto entre dos deseos.

cambiar quienes somos


El deseo de tener una buena imagen de nosotros mismos, y el deseo de obtener el mayor beneficio a cualquier precio. ¿Hay alguna manera de conseguir un beneficio extra sin sentirnos mal por ello? Sí la hay, y es mediante la racionalización. Lo que hacemos es encontrar una justificación que nos permita salvar nuestra propia imagen. Es lo que ocurre por ejemplo cuando un empleado coge dinero de la caja del trabajo diciendo que lo devolverá, convirtiéndose por arte de magia de ladrón en prestatario. Todo lo que nos permita encontrar un motivo que nos haga ver nuestra acción deshonesta como menos condenable, nos facilitará cometer esa acción.

Entonces, este sentimiento de que somos deshonestos en realidad nos hace hacer más cosas deshonestas en el futuro.

Sin embargo, hay más. Si tomamos suficientes pasos en la dirección equivocada, nos encogemos de hombros y nos decimos: «Bueno, si no lo hago yo, otro lo hará». Dejamos de preocuparnos en absoluto de nuestro comportamiento.

Ariely llama a esto el efecto del infierno:

“… En los experimentos hubo una transición muy brusca en personas que en algún momento del experimento, pasaron repentinamente de un poco de trampa, a hacer trampa en cada oportunidad que tenían. … cuando se trata de hacer trampa, nos comportamos de manera muy similar a como lo hacemos en las dietas. Una vez que comencemos a violar nuestros propios estándares, es mucho más probable que abandonemos los intentos de controlar nuestro comportamiento para seguir adelante con la dieta. Aparece la tentación de seguir comportándose mal y abandonar».

Puede que lo hayas sentido muchas veces antes. En el gimnasio, si haces trampa una vez en las repeticiones («Bueno, perdí la cuenta a las tres, pero sentí que hice ocho de ellas, así que digamos que eran ocho …»), es más mas fácil que al día siguiente sigas usando una técnica similar . Pronto, empezaras a saltarte ejercicios enteros. Poco después, dejaras de ir al gimnasio.

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Aquí hay un círculo vicioso: cuando hacemos trampa, nos vemos como tramposos. Y, después de que hagamos suficientes trampas, existe el riesgo de que abandonemos nuestras reglas y normas por completo. Una sola comida trampa puede afectar a como te ves hoy, mañana, la próxima semana y así… cambiar quienes somos resultara casi imposible.

Ahora, la buena noticia. También funciona a la inversa.

cambiar quienes somos


Una sola acción deshonesta puede hacernos más deshonestos, pero una sola acción positiva también puede mejorarnos.

Sabemos que fingir una sonrisa puede hacernos sentir mejor. Y hacer una mejor elección hoy, ya sea que decidamos comer una comida saludable, llamar a un amigo solo para saludar, o donar dinero a una causa en la que creemos, afecta nuestro mañana en lo que hacemos y en cómo nos vemos.

De ti depende!

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